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La compra de armas se dispara entre los latinos de Estados Unido

Actualizado: 7 jul



Olor a pólvora. Lo primero que recuerda Gilberto Irisson, de 22 años, del rancho de tiro –gun ranch— es el olor a pólvora, el sol a plomo y el clima seco que lo hacía todo más como de película de vaqueros. El resto no es así, dice. “Al inicio es muy confuso, es muy diferente a las movies de Hollywood, donde ves que una persona que nunca ha disparado un arma, de repente la agarra y le atina con una mano. En la vida real estas pistolas tienen mucha fuerza: si no las tomas y te mueves de cierta forma, si no plantas bien tus pies, te puedes quebrar las muñecas y herir a alguien”.


Julián Longoria, agente de la ley, explica a sus amigos, algunos de los movimientos para el entrenamiento que tendrán en un campo de tiro en Los Fresnos, (Texas) el próximo 22 de junio de 2024.VERONICA GABRIELA CÁRDENAS


Irisson y tres de sus amigos, dos de ellos de origen latino como él, recibieron entrenamiento en Waxahachie, Texas, con la idea de saber cómo defenderse en un caso de violencia. “Después de la pandemia tuvimos problemas económicos y no hemos podido recuperarnos. Vivo con mi mamá y mi hermana, y nos tuvimos que cambiar de casa a un barrio peligroso donde seguido se escuchan tiros”.


En los últimos años, ha habido un notable incremento en la compra de armas de fuego por parte de personas de origen latino en Estados Unidos. Este fenómeno, impulsado por diversas razones que incluyen preocupaciones de seguridad personal, el deseo de proteger a sus familias y los ataques con tintes raciales, ha transformado el paisaje de la propiedad de armas en el país.


Irisson y tres de sus amigos, dos de ellos de origen latino como él, recibieron entrenamiento en Waxahachie, Texas, con la idea de saber cómo defenderse en un caso de violencia. “Después de la pandemia tuvimos problemas económicos y no hemos podido recuperarnos. Vivo con mi mamá y mi hermana, y nos tuvimos que cambiar de casa a un barrio peligroso donde seguido se escuchan tiros”.


En los últimos años, ha habido un notable incremento en la compra de armas de fuego por parte de personas de origen latino en Estados Unidos. Este fenómeno, impulsado por diversas razones que incluyen preocupaciones de seguridad personal, el deseo de proteger a sus familias y los ataques con tintes raciales, ha transformado el paisaje de la propiedad de armas en el país.


Marcadores de jardín en un campo de tiro en Los Fresnos, (Texas)VERONICA GABRIELA CÁRDENAS


Una quinta parte de los nuevos propietarios de armas son hispanos: entre 2019 y 2020, las compras de armas por parte de latinos crecieron casi un 50%, de acuerdo con la National Shooting Sports Foundation, una asociación comercial de armas de fuego. Aunque no hay cifras de propietarios latinos de armas en Texas, las personas no blancas son el 20% de los nuevos titulares de licencias.


Julián Longoria, un instructor de armas y expolicía de Brownsville, Texas, ha sido testigo de primera mano de este cambio, una buena proporción de latinos le piden entrenamiento en el uso de armas. “Hace diez años, la mayoría de las personas que acudían a entrenarse ya tenían un interés previo en las armas. Ahora veo a muchas personas que nunca han tenido una”, compara Longoria.


La violencia, la inseguridad y los tiroteos con motivación antiinmigrante o de origen racial, como la masacre en El Paso, han sido un factor clave en el cambio demográfico. “Muchos de los que vienen a mí están preocupados por la seguridad de sus hijos y su propia seguridad. Nunca habían considerado tener un arma, pero las circunstancias actuales los han llevado a tomar esta decisión”, añade.


Ángel Rodríguez, agente de la ley, práctica en un campo de tiro de Texas.VERONICA GABRIELA CÁRDENAS


Entre las personas que ha entrenado muchas son mujeres, amas de casa, estudiantes o algunas maestras de primaria que tienen como único propósito defender a sus estudiantes en caso de un tiroteo, como el que ocurrió en Uvalde. En 2022, la comunidad de Uvalde, Texas, donde ocho de cada diez son hispanos, perdió a 19 niños y dos maestros después de que un joven de 18 años armado con un rifle de asalto abriera fuego en la escuela primaria Robb. Tres años antes del tiroteo, El Paso, también en Texas, vivió un ataque terrorista interno cuando un supremacista blanco condujo once horas desde el norte del Estado hasta un Walmart en la frontera para disparar a diestra y siniestra, mató a 23 personas e hirió a 23 más.


En todo Estados Unidos, en lo que va de 2024, al menos 250 personas han sido asesinadas en distintos tiroteos masivos, de acuerdo con el Archivo de Violencia Armada. Casi tres cuartas partes de las víctimas de homicidio de origen hispano son asesinadas con armas de fuego, según la organización de investigación Violence Policy Center (VPC), los hispanos son víctimas de violencia armada de manera frecuente. “Mientras las armas de asalto sigan siendo fácilmente accesibles, más comunidades quedarán destrozadas y devastadas por tiroteos masivos”, señala el grupo de derechos civiles LatinoJustice PRLDEF. Aproximadamente 70.000 hispanos fueron asesinados por armas de fuego entre 1999 y 2019, incluidas 44.614 víctimas de homicidio con armas de fuego y 21.466 suicidios con armas de fuego.


En un pequeño campo de tiro en Brownsville, en la frontera con México, el instructor de armas recibe a sus alumnos. Al inicio sus clases atraían a pocos latinos, pero ahora están llenas con hasta 40 personas por sesión. Sus programas son gratuitos. Longoria recibió en 2014 un certificado como instructor en Texas y desde entonces ha dedicado su tiempo a enseñar sobre el uso de armas de fuego.


El decreto federal de control de armas de 1968 prohíbe que los inmigrantes no documentados compren o porten armas de fuego, Estados Unidos lo considera un delito mayor que podría ser castigado hasta con 10 años de prisión, pero a principios de este año, una jueza federal en Illinois dictaminó que un mexicano que vivía de manera indocumentada en el país tenía el derecho constitucional a poseer un arma de fuego para defensa propia. El fallo establece un posible caso en la Corte Suprema para determinar el alcance de los derechos de la Segunda Enmienda para aproximadamente 11 millones de inmigrantes sin documentos.


Mientras Longoria continúa ofreciendo sus clases, los asesinatos por armas de fuego siguen en aumento. “La creciente demanda de entrenamiento en armas entre latinos muestra un cambio en las percepciones y necesidades de nuestra comunidad”, reflexiona. Como el caso de Irisson, que sintetiza su motivación: “Yo solo quiero proteger a mi familia”.


El País.


 

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