"Nunca pensé que terminaría en África": el limbo en el que se encuentran los latinoamericanos deportados por EE.UU. al Congo
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Durante ocho años, Jorge Cubillos se esforzó por construir una nueva vida en Estados Unidos tras huir de amenazas en Colombia.
Afirma que tenía permiso de trabajo, un proceso de asilo en marcha y expectativas de quedarse en el país.
Pero de repente fue deportado a África sin mayores explicaciones.
En entrevista con BBC Mundo desde la pequeña habitación de su hotel en Kinshasa, la capital de la República Democrática del Congo, asegura que está enfermo y desorientado, lejos de todo lo que conoce y de sus cuatro hijos y su esposa, a quienes dejó en el estado de Florida.
"Nunca pensé que terminaría en África. Pensé que eran solo amenazas", afirma.
Cubillos forma parte de un grupo de 15 latinoamericanos que fueron deportados la semana pasada desde EE.UU. al Congo, en el marco de un controvertido acuerdo con países terceros firmado por el gobierno del presidente estadounidense Donald Trump.
Los migrantes y solicitantes de asilo son originarios de Colombia, Perú y Ecuador. Es el primer grupo que llega al Congo desde que se firmó el acuerdo.
El gobierno de la nación africana ha defendido su decisión de recibir a migrantes procedentes de terceros países como un compromiso con la dignidad humana, la protección de los derechos de los migrantes y la solidaridad internacional.
También ha reiterado que la estancia de estas personas en el país es temporal y que la acogida, el apoyo y la atención están siendo financiados por EE.UU.
Pero los migrantes y solicitantes de asilo entrevistados por BBC Mundo afirman que sus condiciones en el Congo están lejos de ser óptimas y que su salud se está deteriorando rápidamente.
Marta, quien no quiso revelar su verdadero nombre por miedo a represalias, cuenta que su calvario comenzó con la visita de un grupo de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
Relata que el 13 de febrero, tras una larga batalla legal durante la que pasó 14 meses en detención y que incluyó un habeas corpus otorgado por un juez federal, fue liberada. Afirma que tenía un permiso de trabajo y seguía su proceso migratorio "de manera correcta".
"Nos han vulnerado nuestros derechos humanos"
Pero el 2 de abril su destino cambió repentinamente.
Dice que ese día agentes del ICE llegaron a su casa en Texas, tocaron la puerta y le mostraron, a través del vidrio, una orden de supervisión con la que había sido liberada anteriormente. Le dijeron que solo necesitaban verificar su dirección.
"Yo no le vi ningún inconveniente y abrí la puerta", recuerda.

Minutos después, le pidieron que los acompañara a una oficina para colocarle un monitor de GPS. No sospechó nada hasta que la esposaron.
La trasladaron al centro de detención de Bluebonnet, en Texas, donde permaneció tres días. Luego la llevaron al centro de Detención de Prairieland, en Alvarado.
Allí, según su testimonio, estuvo incomunicada durante casi dos días.
"Me encerraron en un cuarto, no me daban de comer ni agua. Hacía mucho frío", relata.
Durante ese tiempo, sus familiares no lograban ubicarla en los registros oficiales.
"No aparecía en el sistema, porque nunca fui procesada", afirma.
Después de que la vacunaran contra la fiebre amarilla y la trasladaron a Luisiana, le informaron que tenía un vuelo al Congo al día siguiente.
"Les dije que tenía miedo por la inseguridad y no me respondieron y pues aquí estoy, en el Congo. ¿Cómo me siento yo ahora? Pues siento que nos han vulnerado nuestros derechos humanos", cuenta.
"Hay mucha desinformación en las redes sociales, dicen que somos unos criminales y que nos merecemos lo que nos está pasando, eso no está bien. La falta de información que hay en este lugar y no saber qué va a pasar con nosotros nos está afectando emocionalmente y psicológicamente".
BBC Mundo contactó a la agencia ICE para solicitar comentarios sobre estas acusaciones, pero hasta el momento de la publicación de este artículo no habíamos recibido respuesta.
"Nos ha dado fiebre, vómitos y diarrea"
Hubert Tshiswaka, director del Instituto de Investigación sobre Derechos Humanos (IRDH), critica duramente el acuerdo entre el Congo y EE.UU., y lo considera contrario a los compromisos internacionales en materia de protección de los refugiados.
"No existe base legal para traer personas de otros países al Congo, especialmente de EE.UU.", le dice a BBC Mundo el abogado experto en derechos humanos.
"Además, estas personas no han hecho nada malo aquí, por lo que tampoco hay base legal para mantenerlos detenidos", añade.

El IRDH denuncia una violación del principio de no devolución, traslados forzosos contrarios al derecho internacional y la externalización de las obligaciones de Estados Unidos en materia de asilo.
Igualmente insta a la República Democrática del Congo a suspender el acuerdo con Washington.
En un comunicado, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) aseguró que el gobierno del Congo les pidió que les dieran asistencia humanitaria a 15 migrantes deportados por Estados Unidos el 17 de abril.
"La OIM también puede ofrecer el retorno voluntario asistido a aquellos migrantes que lo soliciten, de conformidad con su mandato y los marcos legales aplicables", añadió.
El grupo de deportados afirma que en algunas ocasiones les han impedido abandonar las instalaciones del hotel y denuncian condiciones difíciles, como la falta de agua potable y cortes de electricidad.
"Estamos enfermos. Nos ha dado fiebre, vómitos y diarrea. Nos dicen que es normal y que el cuerpo simplemente se está adaptando a África", señala Jorge.
La OIM declinó una solicitud de entrevista con BBC Mundo.
"Por las buenas o por las malas"
Carlos Rodelo llevaba tres años y medio en EE.UU., cuando el 4 de febrero de 2025, una jueza en Maryland le concedió protección bajo la Convención contra la Tortura (CAT).
Según relata, la jueza había dictaminado que podía permanecer en el país y no sería deportado, aunque no podía salir de territorio estadounidense.
Meses después le notificaron que debía presentarse el 4 de agosto en una oficina migratoria para firmar unos documentos.

No era la primera vez que lo convocaban a una oficina migratoria, así que no vio nada raro.
"Pero cuando yo fui a la oficina apenas entré, vi que había tres agentes de ICE literalmente escondidos esperándome. Me dijeron que me iban a detener y que posiblemente me iban a deportar. Yo la verdad no entendía y yo les dije que yo tenía un asilo aprobado, que yo tenía una protección bajo la CAT", cuenta.
Ese mismo día fue trasladado a una oficina en Baltimore, donde permaneció retenido en un cuarto, antes de ser enviado a Luisiana. Allí pasó ocho meses detenido.
Durante ese tiempo, asegura, presentó solicitudes de protección adicionales. Sin embargo, fue deportado antes de que un juez federal pudiera pronunciarse.
Su destino final lo supo horas antes del vuelo.
"Cuando me dijeron que me iban a mandar al Congo, yo les dije que no sabía ni qué era eso, ni dónde quedaba", afirma.
"Me respondieron que me iban a llevar por las buenas o por las malas".
"Más de 25 horas amarrados"
Los migrantes también describen el viaje como "inhumano".
"Fue terrible. Fue agobiante porque pasamos más de 25 horas amarrados de cintura, manos y pies con una bolsa de papel que llevaba adentro una manzana, unas papas y un agua", afirma Jorge Cubillos.
Otra colombiana que también prefirió guardar el anonimato afirma que fue deportada tras pasar varias semanas en el centro de detención de Eloy, en Arizona.
"Me convocaron a una oficina supuestamente para quitarme el GPS y cuando llegué me informaron que iba a quedar detenida porque habían conseguido un tercer país para mí", cuenta.
Ella tiene dudas sobre si le gustaría regresar a EE.UU.
"No sé, porque después de todo lo que ha pasado y lo que he sufrido, ¿quién me asegura que no voy a volver a pasar por esto y que en un futuro me van a enviar a otro país?, añade.
Afirma que vivir actualmente Estados Unidos "da miedo" y que el gobierno del presidente Donald Trump actúa de manera inhumana.
"Me parece que es inhumano lo que está haciendo no solamente el presidente, sino también las personas que se están dejando manipular por él", afirma.
"Porque siento que en ese gobierno son hay títeres manipulados por esta persona, que están deteniendo a la gente sin ninguna razón, sin ningún motivo, solamente porque quieren hacerlo y ya", prosigue.
"Pasar tanto tiempo en detención sin haber cometido ningún delito es algo fuerte y las condiciones dentro de las detenciones, la verdad, no son las mejores".
Lejos de sus países, sin una ruta clara y con escasa información sobre su futuro, el grupo describe una creciente sensación de abandono.
"Nos sentimos completamente a la deriva. No sabemos qué va a pasar con nosotros", dice Marta.
Jorge Cubillos comparte esa incertidumbre y teme tanto por su futuro como por el de sus compañeros.
"Los solicitantes de asilo corremos riesgo en nuestros países", explica. "Si a mí me ponen a escoger entre el Congo y Barranquilla, Colombia, que es de donde soy, escogería Barranquilla, porque aquí no estoy haciendo nada".
"Pero volver a Barranquilla es poner mi vida en riesgo".
La incertidumbre, sumada a las condiciones en las que se encuentran, ha ido desgastando al grupo. La sensación, cada vez más extendida, es la de estar atrapados en un limbo del que no saben cómo salir.
Norberto Paredes
BBC MUNDO
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